No puede dejar de tenerse en cuenta el rol de la teología feminista y los avances obtenidos, aunque –en ocasiones- poco observados. Ejemplo es el movimiento de Teólogas judías que lucha por dar a Lilith –la primera mujer creada por Dios el lugar que merece en la historia bíblica y de su pueblo.Según la mitología Lilith era rebelde y por eso fue expulsada del Paraíso, nada más y nada menos por no admitir ser criada de Adán. Fue tan rebelde esta mujer que fue expulsada del paraíso y a Dios no le quedó otra opción que sumir a Adán en un sueño, extraerle una costilla y hacer de ella a Eva (Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre hizo una mujer y la trajo al hombre. Gn 2.21-22). Al crearse Eva de una costilla de Adán fue creada una mujer dependiente del hombre, algo que arrastramos hasta nuestros días.
En general, las tareas del mundo familiar recaen en las mujeres, son ellas quienes principalmente realizan las tareas domésticas y crianza y cuidado de los hijos. Si bien se observan diferencias al respecto de dependiendo del tipo de hogar al que pertenecen, los servicios que disponen, el aporte de las o los miembros al ingreso familiar, el número de miembros, el ciclo de vida de las familias, etc., se mantiene en las mujeres las tareas domésticas y de crianza. Los hombres, por su parte, tienen asociada como su función tradicional ser proveedores del hogar, aquellos que sustentan económicamente a los miembros de la familia. Esta asignación diferenciada de roles para hombres y mujeres, se ha denominado división sexual del trabajo que consiste en entender la forma que el sexo biológico determina las funciones que deben desempeñar las personas en sociedad: las mujeres a cargo de la reproducción social y los hombres de las tareas productivas.
Con la incorporación de las mujeres al mundo laboral, esta división de roles se ha visto modificada, ya que muchas de ellas colaboran con los prosupuestos familiares en forma cada vez más determinante para la producción familiar. Sin embargo, la entrada de los hombres a la esfera doméstica no ha sido un fenómeno de la misma magnitud, dejando muchas veces que las mujeres continúen a cargo de las tareas que demanda este ámbito de la vida. En el caso de las trabajadoras remuneradas, es decir, de aquellas que han salido al mercado laboral a vender su fuerza de trabajo, significa una extensión de su jornada laboral muchas veces doblegada, con fuertes consecuencias en su calidad de vida.
La perspectiva de género se hace pertinente para acercarse a la forma en que las mujeres responden simultáneamente a las tareas que demanda el mundo del hogar y el laboral, ya que ella observa la forma que la construcción social y cultural de la diferencia sexual asigna roles sociales y identidades a las personas poniendo en una situación de discriminación de las mujeres respecto de los hombres.
Comprender que los roles asignados tradicionalmente a las mujeres condicionan la posibilidad de realizar acciones en el ámbito público. Es decir, las demandas y capacidades que las mujeres desarrollan en la crianza y las tareas domésticas determinan la incorporación de las mujeres al mercado laboral, y caracterizan las condiciones en las mujeres que trabajan remuneradamente. Esto permite tener un diagnóstico útil para futuras investigaciones o elaborar políticas públicas respecto de esta materia. Conciliar familia y trabajo, es decir, responder a las tareas que demanda el mundo familiar y laboral armónica y simultáneamente, es función principalmente femenina; incentivar las responsabilidades compartidas entre hombres y mujeres en las tareas domésticas y cuidado y crianza de los hijos, además de crear una estructura social que vaya en pos de descargar a las familias de estas responsabilidades, se vuelve central para avanzar en la equidad de género.
Por su parte, las modificaciones en la economía de los últimos quince años han cambiado las condiciones laborales de las personas en el mundo en general y en Chile en particular. La importancia de realizar este estudio radica en que el modelo económico que requería una estructura familiar patriarcal para su funcionamiento que sustenta la división social del trabajo (un varón padre proveedor y una mujer a cargo de las responsabilidades familiares) se ha visto modificado en sus fundamentos, generando en muchos casos un desacoplamiento de la división tradicional entre la vida pública y privada de las personas generado por el tradicional orden de género.
La creciente incorporación de las mujeres al mundo del trabajo en los últimos cincuenta años y la flexibización (interna y externa) del ámbito laboral, entre otras cuestiones, han generado un nuevo contexto social que reestructura la sociedad chilena tanto en su plano “público” como “privado” (el trabajo y la familia). Se producen nuevas realidades sociales que no se insertan en el entramado social, dado que el funcionamiento de nuestra sociedad no responde a este nuevo orden estructural y simbólico, generando tensiones y nuevas desigualdades entre hombres y mujeres.
Un estudio acerca de las condiciones que las mujeres están compatibilizando el mundo laboral y el familiar, a través de la manejo de bases de datos secundarias y entrevistas semi- estructuradas, permite tener un primer acercamiento a esta realidad considerando la importancia de las construcciones sociales acerca de la diferencia sexual influyen en la forma que las mujeres ingresan ala mercado laboral en condiciones de desigualdad. La información existente en nuestro país puede ser útil para visibilizar formas de discriminación de las mujeres si es interpretada desde una perspectiva de género. Para luego realizar entrevistas semi- estructuradas a mujeres de distintos niveles de ingresos, con hijos menores de 15 años y con o sin pareja.

Para realizar este trabajo, primeramente se expondrá una revisión bibliográfica acerca de la forma en que se han abordados los conceptos implicados en la investigación y de estudios relacionados con el tema. Es decir, a través de un análisis estadístico con la encuesta CASEN 1998, en busca de posibles relaciones de importancia para esta temática, y luego se complementa con la información obtenida en las entrevistas.
Si bien este trabajo pretende tener una visión integrada de la forma que las mujeres se integran al mercado laboral considerando su realidad familiar, una acercamiento a la legalidad envuelta en esta problemática y las políticas empresariales y gubernamentales son necesarias para tener en consideración los intentos fructíferos e inoperantes para descargar a las mujeres, son estudios necesarios para poder elaborar acciones pertinentes para mejorar las condiciones en que las mujeres se desenvuelve en el espacio público y los hombres en el privado, donde tal diferencia vivida por los sujetos es una escisión espacio temporal.
La búsqueda de las mismas oportunidades debe continuar una vez que la persona entra a formar parte de la organización.
Los datos demuestran que los hombres y las mujeres no suelen ocupar los mismos puestos en una organización, ni son contratados en los mismos sectores, por lo que nuestro interés se centra en analizar en qué grado se están produciendo estas desigualdades, para poder establecer estrategias que ayuden a subsanarlas.
Se hará referencia a la igualdad de oportunidades con respecto a la clasificación profesional, puesto que mujeres y hombres no suelen trabajar en los mismos sectores de actividad.
Tradicionalmente, las mujeres han ocupado puestos de trabajo relacionados con el sector servicios. También, el grado de igualdad que existe dentro de las empresas con respecto a la promoción de las personas. Es necesario fomentar la igualdad de oportunidades en las promociones, ayudando a que las mujeres puedan ocupar puestos de mayor responsabilidad.
Por último, la formación es el pilar fundamental para el desarrollo profesional. Es importante que las empresas ofrezcan igualdad de oportunidades en el acceso a la formación, para que, tanto hombres como mujeres, puedan mejorar su situación laboral.
¿Qué ocurre en la empresa?
El acceso de la mujer al mercado laboral no es uniforme en todas las categorías profesionales. Las mujeres todavía no llegan a ocupar puestos de responsabilidad en la misma medida que los hombres. Por ejemplo, la presencia de mujeres en cargos de responsabilidad en la Administración Pública no está aún equilibrada.
En cuanto a la distribución del empleo femenino según la categoría profesional muestra que la mayoría de las mujeres se encuadra dentro de la categoría profesional de administración (61 por ciento) y de cualificados de los servicios (60 por ciento) o bien dentro de la categoría de no cualificados (48 por ciento).
En concreto, el porcentaje de mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas ronda el 4 por ciento. Esta cifra contrasta con los datos de otros países europeos como Noruega (29 por ciento), Suecia (23 por ciento) o Finlandia (20 por ciento).
También, las mujeres tienden a concentrase en determinados sectores de actividad. Mientras que la mayoría de los hombres están ocupados en el sector de la industria, las mujeres ocupan principalmente puestos relacionados con el sector servicios.
Por eso, las empresas deben estimular la formación y promoción continua de las personas con medios específicos para que las mujeres puedan acceder a puestos de mayor responsabilidad con las mismas oportunidades que los hombres.
Esto se puede hacer a través de los planes de carrera para las trabajadoras, según datos del INEM, aunque más del 50 por ciento del total de los titulados universitarios de grado medio son mujeres, muchas no consiguen evolucionar dentro de su organización. Para ello, hay que valorar la carrera profesional a medio-largo plazo, ya que un planteamiento de la carrera a medio o largo plazo puede ayudar a retener el talento femenino.
Otros medios son el diseño de planes de carrera específicos, la promoción de acciones positivas en las actividades de formación, el fomento de las habilidades directivas en mujeres a través de posiciones con visibilidad y la transparencia en la clasificación profesional.
Otro modo de estimular la formación es a través de programas de sensibilización para la organización y específicos para supervisores y mandos. También, el aumento del control de cada persona sobre el puesto de trabajo. La flexibilidad no el único parámetro a evaluar para facilitar el desarrollo profesional de la mujer en la organización. Es importante tener en cuenta el control sobre esa flexibilidad.
Los programas de mentoring y redes informales son otra forma de fomentar la formación. Los programas de mentoring son aquellos en los que cada miembro puede contar con un tutor que le ayude en temas concretos como gestión de equipos, negociación de salario o habilidades comunicativas. También con la puesta en marcha de Focus Groups, que consisten en sesiones focalizadas de discusión para el descubrimiento y resolución de problemas.
La referencia a la igualdad de oportunidades en la formación profesional y la promoción profesional en la Ley Orgánica de Igualdad aparece en el Artículo
El feminismo es un conjunto de teorías sociales y prácticas políticas en abierta crítica de relaciones sociales históricas, pasadas y presentes, motivadas principalmente por la experiencia femenina. En general, los feminismos realizan una crítica a la desigualdad social entre mujeres y hombres, y proclaman la promoción de los derechos de las mujeres. Las teorías feministas cuestionan la relación entre sexo, sexualidad y el poder social, político y económico.
A pesar de que muchas personas líderes feministas han sido mujeres, no todas las mujeres son feministas y no todas las personas feministas son mujeres. Algunas feministas consideran que los hombres no deberían tomar posiciones de liderazgo dentro del movimiento, pero la mayoría aceptan el apoyo de los varones.
El feminismo como movimiento social ha sido principalmente visibilizado como un movimiento de las sociedades occidentales en el siglo XX. No se encuentra asociado a ningún grupo, práctica o evento histórico en particular. Se crea a partir de la conciencia acerca de las desigualdades causadas por los sistemas sexo/género y de la búsqueda de la justicia social. Existen diversas formas del feminismo, como teoría, como práctica, como conciencia, como movimiento social internacional, nacional y local.
Algunos de los distintos feminismos son el feminismo cultural, el feminismo radical, el ecofeminismo, el anarcofeminismo, el feminismo de la diferencia, el feminismo marxista, el feminismo separatista, el feminismo filosófico, el feminismo cristiano y el feminismo crítico. En general, los grandes logros de los feminismos han sido visibilizar a las mujeres como seres humanos.
El feminismo radical es una corriente feminista que sostiene que la raíz de la desigualdad social en todas las sociedades hasta ahora existentes ha sido el patriarcado, la dominación del varón sobre la mujer. Considera que el patriarcado es una consecuencia necesaria del diferencialismo sexual, el planteamiento según el cual hombres y mujeres serían en esencia diferentes.El feminismo radical tuvo su origen en la segunda ola feminista de los años 60.
El feminismo marxista es una corriente de la teoría feminista que defiende la abolición del capitalismo y la implantación del socialismo como forma de liberación de las mujeres, partiendo de que el sistema capitalista conlleva la opresión de las mujeres, materializada en desigualdad económica, confusión política, moral burguesa y relacionales sociales insalubles.
El feminismo radical surgió en la década de 1970, y defiende que la sociedad moderna y sus construcciones (ley, religión, política, arte, etc.) son predominantemente el producto de los hombres, y están imbuidas de un carácter patriarcal
La cifra de hombres agredidos va en aumento. El año pasado murieron 46 a consecuencia de malos tratos por parte de su cónyuge o pareja sentimental o por algún miembro del entorno familiar. La violencia doméstica es un factor social, no sexual. Además del miedo, se añade la vergüenza porque aún se tiene la creencia de que ser hombre y víctima de malos tratos son dos factores que no pueden ir unidos. En lo que va de año ya ha muerto uno a manos de su compañera. 
Por vergüenza un gran número de hombres víctimas de malos tratos han silenciado durante años las agresiones que recibían por parte de su pareja. Se sigue creyendo que la violencia doméstica sólo la sufren y padecen las mujeres y los niños; en cambio, los datos demuestran que el maltrato a los hombres va en aumento.
Denuncias
Cada vez son más los hombres que se atreven a denunciar en comisaría que son víctimas de malos tratos, psicológicos o físicos, por parte de su compañera sentimental. No obstante, la realidad, como en cualquier otro tipo de violencia doméstica, es muy superior, y en el caso de los hombres esto se incrementa aún más.
En 1970 las feministas analizaron la violencia doméstica considerando exclusivamente a las mujeres como las únicas víctimas de malos tratos. Y 31 años después las ayudas psicológicas y económicas parecen dirigirse únicamente a las mujeres.
Los motivos que predominan a la hora de no denunciar las agresiones que padecen algunos hombres son la educación y el factor cultural. Por lo que el número de denuncias a mujeres por cometer violencia doméstica ascendería cuantitativamente. Vergüenza, ego masculino, hombría… son entre otros, los reparos que el hombre maltratado tiene y que, en la mayoría de los casos, son los pretextos principales por los que no las denuncian en las diferentes comisarías.

La palabra mujer aparece en todos los diccionario –más o menos- de la siguiente forma: Mujer: persona del sexo femenino; esta persona cuando llega a la pubertad; la casada (mujerona, mujeruca), con relación al , entre las que son comunes las reiteradas: raza, sexo, religión, más aquellas no aceptadas por romper lo marido; prostituta; de mala vida, mundana, casquivana, perdida, pública; mujer de su casa; la que gobierna, ejecuta los que haceres domésticos, cuidado de su hacienda y familia, etc.; fácil, la considerada adorable sexualmente; fatal; mujer irresistible, seductora.Observemos la definición del hombre: Hombre: ser animado, racional; por extensión todo género humano; varón, criatura racional del sexo masculino; el que ha llegado a la edad viril, adulta; el que posee cualidades como energía, fuerza, valor, etc., consideraciones varoniles, entre otras.Por décadas la mujer ha sido víctima de la discriminación, bien por razones tradicionales y preestablecidas en una sociedad determinada, o las comúnmente encontradas en civilizaciones modernascotidiano, lo normal, como la inclinación por el sexo similar.La etimología de esta palabra proviene del latín y significa separar, distinguir, diferenciar una cosa de la otra, discriminación (o discriminación social); es decir, tratar a una persona de manera diferente. Muchas veces su origen se encuentra en decisiones adoptadas respecto a otras personas, basadas en
razones que terminan en prejuicios.Si bien es cierto que en el balance entre hombre y la mujer existen diferencias biológicas, a ella le adjudican valores negativos aportados por la sociedad, cuyo basamento socio-filosófico se fundamenta en el machismo. Esta deducción hace pensar que a pesar de las diferencias bio-psico-social entre lo masculino y lo femenino, la mujer se ha ganado su espacio en la sociedad y lucha por mantenerlo. Durante años para el hombre ha sido un instrumento sexual, destinado a la reproducción y a la atención del hogar, la familia y los hijos. Sin medios económicos de subsistencia no le quedó otra alternativa que asumir ese rol. Los tiempos cambian y la mujer logró, a través de su lucha, conquistas sociales y laborales, al enfrentarse el reto de trabajar en una entidad y en los menesteres del hogar, lo cual significó -sin la menor duda- una nueva y pesada carga para ella.La discriminación puede adoptar diversas formas -desde la sexual hasta la étnica- pero nos interesa la litúrgica, por no faltar religiones donde es tabú que la mujer ejerza el sacerdocio.En pleno siglo XXI muchas sufren desigualdades, el feminismo da miedo a diversos sectores, pero es hora de imponerse a las costumbres que las marginan y discriminan, en forma más o menos humillante, pero, ¿Sin sufrimiento por parte de la mujer? Es costumbre gitana que si una mujer no es madre en los dos primeros años del matrimonio, repudiarla y tener ella que llevar consigo el calificativo de machorra, humillante para esta civilización. En casi todas las sociedades y esferas de actividad la mujer es objeto de desigualdades, manifestada en la familia, en la comunidad y el lugar de trabajo. Aunque sus causas varían de un país a otro, la discriminación contra la mujer es una realidad difundida y perpetuada por la supervivencia de estereotipos, prácticas y creencias culturales y religiosas tradicionales que la perjudican. En varios países del mundo se les priva de sus derechos legales, incluido el voto y el derecho de propiedad, diferencias que no tiene otro nombre que discriminación, flagelo que obstaculiza el crecimiento económico, la prosperidad y propicia la violencia en proporciones inusitadas.
El problema y las soluciones
| El maltrato es una manifestación más de la violencia como forma de dominio social | |
El maltrato es una manifestación más de la violencia como forma de dominio social, pero el hecho de que se la marginali
ce y se le quite importancia responde a la situación creada por la lucha por la igualdad y la liberación de la mujer. La incorporación de la mujer al mundo laboral, a la universidad y a la política provoca un problema de orden social. ¿Quién cuida y educa a los hijos? ¿Quién cuida la casa, hace la comida, limpia, plancha…?
Para mantener este orden social se utilizan todo tipo de trabas, económicas por supuesto, pero sobre todo ideológicas. Desde que nace se implanta en el sistema de valores de la mujer la importancia de la maternidad y del amor como objetivo vital. Después la circunstancias la obligan a tener que elegir entre trabajo o familia, trabajo o relación de pareja, etc.
Con este panorama la agresión a la mujer es solamente un eslabón más de la cadena que la sociedad capitalista utiliza para someter y dominar; pero para la mujer maltratada la situación en la que está inmersa es como una pesadilla de la que no puede salir.
Los esfuerzos encaminados a acabar con el maltrato tropiezan con varios escollos:
- La opinión de los demás (entorno, familia, amigos) sobre el papel de sumisión de la mujer dentro del matrimonio.
- La culpa derivada de esa situación de sumisión:“estoy comportándome mal, por eso me merezco un castigo”.
- La falta de independencia económica y la necesidad de sacar adelante a los hijos.
- La ley: las reiteradas denuncias de amenazas son archivadas porque“la policía no puede actuar hasta que se ha cometido el delito”
Para solucionar eficazmente las situaciones de maltrato es necesario tratar estos cuatro problemas conjuntamente.
| “Lo fundamental es la denuncia, la información a todos los niveles de lo que está pasando. No se trata de escandalizar sino de mostrar una realidad en la que viven millones de mujeres” (Leticia Ramos, ex vicepresidenta general de la ONU para el desarrollo social y asuntos humanitarios) | |
El aspecto legal presenta el problema central de considerar la agresión en el hogar como un caso más leve que otras agresiones, por participar de la idea de“correctivo” que está en la base de la violencia en el hogar. Es imprescindible igualar las penas con las penas por agresiones de otro tipo.
Considerar delito y no falta cualquier tipo de abuso que se produzca en la relación de pareja.
Tener en cuenta la especial situación de gravedad que plantean las separaciones, con un incremento considerable de asesinatos.
En cuanto a la independencia económica hay que exigir y agilizar el pago de pensiones de alimentos para los hijos, y primar en las ofertas de empleo a las mujeres con hijos a su cargo y a aquellas cuyo trabajo durante años ha sido ocuparse de la casa y que se encuentran sin opciones laborales.
Prácticamente el cien por cien de las mujeres maltratadas necesita apoyo psicológico y terapia para recuperarse de las secuelas de la situación sufrida. Dicho apoyo debe ser gratuito.
Las situaciones de maltrato no son normales, sino todo lo contrario y como tal tienen que ser tratadas por todos, desde familiares y vecinos hasta los medios de comunicación. Hay que denunciar siempre que se pueda, pero sobre todo desculpabilizar a las víctimas y no ser cómplices del agresor.
Las asociaciones de defensa de la mujer y las casa de acogida son puntos de apoyo imprescindibles para las mujeres maltratadas. Proporcionan ayuda inmediata, asesoramiento legal gratuito, emprenden luchas colectivas de denuncia de situaciones extremas; pero ante todo devuelven a la mujer maltratada y a sus hijos la convicción de que nadie tiene derecho a golpearles sea cual sea la excusa utilizada para ello.