¿Existe igualdad para las mulleres en nuestra sociedad?











El debate social sobre la prostitución en España crece. Las presiones ejercidas desde distintos ámbitos demandando la intervención pública, crea la necesidad de analizar y tratar el tema de la prostitución, así como de adoptar una posición respecto al mismo.

El panorama generalizado de opiniones sobre esta materia no es muy alentador: por una parte, la mayoría del tejido social prefiere no definir un posicionamiento y el escaso segmento de la población que lo hace, tiene opiniones heterogéneas y muy variadas, aunque con un denominador común: la ausencia de la pers-pectiva de género.

Sin embargo el tratamiento de la prostitución no puede realizarse sin un análisis desde la perspectiva de género.

Los datos que se manejan sobre prostitución, indican que ésta es ejercida de una forma mayoritariamente abrumadora por mujeres y niñas, mientras que los consumidores de la prostitución son mayoritariamente hombres.

El origen de la prostitución se encuentra en la esclavitud y la trata de personas, en su mayoría mujeres y niños. Este fenómeno se mantiene vigente todavía en nuestros días, pero se olvida y se deslinda por com-pleto en el contexto actual cuando se habla de “prostitución”.

A pesar de que la trata de mujeres y menores con fines de explotación sexual es un hecho constatado que se mantiene en nuestros tiempos, e incluso crece, el debate público sobre la prostitución se nos presenta en la mayoría de las ocasiones desligado de esta evidencia y bajo un discurso confuso y equivoco, que provoca eternas dudas insalvables para la mayoría de la población.

Importantes intereses económicos empujan en la actualidad a centrar el debate sobre la prostitución en España, en la conveniencia o no de legalizar y reglamentar los prostíbulos, en la retirada o no de las pros-titutas de las calles, y en el reconocimiento o no de la prostitución como un trabajo más, con el corres-pondiente reconocimiento de derechos laborales para las prostitutas.

Y todo ello, bajo el equívoco e interesado paraguas del denominado ejercicio libre y voluntario de la pros-titución por parte de las mujeres, sin dedicar ni un segundo a su análisis desde la perspectiva de género y de los derechos humanos.

Choca que se demanden derechos laborales para la prostitución cuando el mundo que rodea la misma, en cualquiera de sus formas y variantes, se encuentra muy lejos de poder alcanzar un umbral mínimo de res-peto por los derechos humanos, sin reflexionar previamente sobre que tal vez ello se deba a que el respeto por los derechos humanos y la prostitución resultan absolutamente contrapuestos, e incompatibles.

La prostitución en una estructura diseñada por y para los hombres. La mujer convertida en una mercancía y en un producto para el consumo del hombre. El dominio del hombre sobre la mujer.

El uso de tópicos aparentemente inocentes e inocuos como: “la prostitución ha existido siempre y siempre existirá”, o “es la profesión más vieja del mundo”, como si se tratara de un fenómeno de la naturaleza, inalterable por la acción humana, está muy extendido y es comúnmente aceptado por la sociedad como un hecho con el que debemos convivir como lo hacemos con la lluvia, el sol, los terremotos o los huracanes.

Entendemos que debemos y podemos luchar contra la pobreza, las enfermedades, las guerras, etc. pero no contra la prostitución, porque se nos presenta como algo natural e inevitable que escapa de nuestras ma-nos.

El mantenimiento de estos falsos e intencionados clichés, ayuda a paralizar el análisis en profundidad sobre la prostitución y contribuye a mantener los privilegios, las ventajas y el dominio de los hombres sobre las mujeres.



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